Javier Pertús y el Museo del Prado


 

 

Julia Sáez-Angulo

 

2/11/18 .- MADRID . – De aspecto menudo y discreto, Javier Portús, es un pozo de sabiduría sobre el Museo del Prado; lo sabe todo de nuestra primera pinacoteca, amén de gliptoteca, por eso es el comisario de la exposición conmemorativa del Bicentenario: “Museo del Prado 1819 – 2019. Un lugar de memoria”, que será inaugurada por los Reyes de España el lunes, día 19 y permanecerá abierta hasta el próximo 10 de marzo.

 

Jefe de conservación de Pintura Española (hasta 1700), Javier Portús Pérez (Madrid, 1961) hizo a los medios una presentación tan sabia, exhaustiva y prolongada sobre el Museo del Prado y la exposición que comisaría, que mereció un aplauso también prolongado en minutos. Con buen humor, el director del Museo del Prado Miguel Falomir, dijo que por mucho que aplaudiéramos no íbamos a tener un bis.

 

La muestra es un viaje por la historia del Museo del Prado, una pinacoteca que tiene el valor de “patria” al decir del pintor Ramón Gaya, y es un museo de pintores al que acuden los artistas para aprender como posa la pincelada de Velázquez, como Goya concibió la pinturas negras o como El Bosco creó un mundo tan particular.


Han sido muchos los pintores que han ido, visitado y repetido presencia en el Museo del Prado, con mención particular de Pablo Picasso, que soñó estar en él con su obra, que fue nombrado director del museo sin que tomara posesión del mismo en tiempos de guerra, pero lo conocía bien y creó más de 50 cuadros en deconstruir y analizar a las Meninas de Velázquez. A Portús le hubiera gustado mostrar el cuadro de Picasso “La dama azul” (1901) de Picasso, junto al retrato de Doña Mariana de Austria de Velázquez y el de María Luisa de Parma de Goya, por su paralelismo de mujeres de amplio volumen y masa de color, pero el primero está temporalmente en París. No importa. Lo que la exposición “Museo del Prado 1819 – 2019. Un lugar de memoria” muestra vale la pena una, dos y varias visitas, porque es una narración intensa y amena.

 

Los pintores sajones y franceses como Sargent, Hamilton, Bacon, Delacroix, Courbet o Manet han visitado y aprendido mucho del Museo del Prado. De los contemporáneos son legión los que van aún a la gran catedral del arte en el paseo del Prado. A mí me consta cuanto lo hacía el llorado Manolo Ortega y actualmente Alfonso Sebastián, que tiene la facilidad de ser vecino y lo frecuenta, aunque a veces coja un globo por la restauración, a su juicio inadecuada, del pelo del perro del Duque de Mantua, en el cuadro de Tiziano.

 

Del Museo del Prado nunqvam satis. Es un gigante de maravillosas escuelas artísticas, en primer lugar como es lógico, de la española, aunque tenga lagunas en la holandesa. De él han escrito con rigor y fervor numerosos escritores –directa o indirectamente- entre ellos Ramón Gaya, María Zambrano, Manolo Arroyo, Buero Vallejo, Foucould… Bien pudiera hacerse un prontuario de frases o afirmaciones elogiosas sobre esta partícula coagulante de los españoles, que –de momento- hasta los políticos la respetan, después de ponerse de acuerdo en su día hasta llamarlo “buque insignia”. Yo recuerdo una afirmación del historiador Ricardo de la Cierva, cuando era ministro de Cultura, cuando dijo que la Monarquía hispana podría justificarse simplemente por las colecciones reales que se atesoran en el Museo del Prado.

 

Partícula coagulante de toda España es el Museo del Prado. No hay mas que ver que todas las obras dispersas, 3000, de nuestro primer museo en los diversos Museos de Bellas Artes de las provincias españolas, algo que no se conoce tanto y no se dice, para no molestar quizás la sensibilidad cicatera de los políticos locales. Ellos se lo pierden, porque el Museo del Prado en una imagen de Marca (y no digamos de Marca España). Málaga, La Coruña, Barcelona… son algunas de las ciudades más beneficiadas con obras del Museo del Prado. También las embajadas, aún a riesgo de que a los países les de un flush y se quemen algunos cuadros como para vergüenza de Portugal. En la exposición de ahora luce la obra de El Greco, que habitualmente duerme en el museo de Vilanova i la Geltú.

 

El arte que conserva el Museo del Prado registra la mejor capacidad de mostrar todas las emociones de la condición humana. La exposición “Museo del Prado 1819 – 2019. Un lugar de memoria” nos retrata con el lenguaje elocuente de las artes plásticas, que si no es tan inmediato como el oral, al decir del crítico de arte Robert Hughes, sí lo son sus cargas de profundidad, porque bien nutre la sensibilidad de las personas.

 

La exposición comisariada por Portús termina con fotografías del público, que es el recipiendario principal del Museo del Prado, porque si el arte no llega a los ciudadanos, los museos se convierten en simples almacenes o contenedores de cuadros, esculturas y objetos artísticos que devendrían en archiperre.

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