RETRATOS: Linda de Sousa, luso/española,


 

 

Julia Sáez-Angulo

 

29/09/18 .- MADRID – Sus estudios académicos la llevaban en Lisboa hacia la Química, pero ella los transmutó, como buena alquimista, en las artes visuales, que tienen como materiales: pigmentos, rotring, grafito, tintas, acetatos, papel, lienzo, tabla, ordenador, plotter… Sus instalaciones transparentes, en acetato y tintas, sobre tauromaquia, trasuntos teresianos o violencia de género han sorprendido y merecido elogio de la crítica.

 

No se considera escultora en sentido estricto, pero sí sabe dibujar en el aire con el hierro y organiza el espacio con figuras como Dulcinea en El Toboso o Dafne, el desnudo en rojo de la silueta femenina que se recorta a la entrada del Museo Mayte Spínola de Arte Contemporáneo en Marmolejo, junto al que se hacen fotos los visitantes. Su gran cuadro “Constelaciones”, acrílico sobre tabla, en el mismo museo es un mural espectacular en azul noche.

 

Linda de Sousa y Coello (Lisboa, 1949) confiesa con orgullo que tiene un cuarterón de sangre china, porque un bisabuelo suyo era de Macao y llegó a Lisboa como representante de ventas de corbatas, pañuelos y otras prendas de seda. De él le vienen los ojos rasgados y brillantes. Ella es una artista multidisciplinar, no solo en las artes visuales sino en el terreno de la comunicación, al ejercer el comisariado de exposiciones y la factura de catálogos de diferentes muestras artísticas, por ello, la crítica de arte. Ella confiesa con orgullo que ha vivido de la docencia artística, sobre todo a niños, además de la venta de sus obras. Ha sacado adelante muy bien a dos hijas (Bellas Artes y Arquitectura) y ha disfrutado con la enseñanza artística y la educación a los más pequeños, a los que sabía infundir maneras y respeto, además de arte, para desenvolverse mejor en la vida. Ha dado clases a dos generaciones de padres e hijos– lo que le honra- y eso es señal de que guardaban buen recuerdo. Algunos de sus alumnos como Ángel Raposo, están brillando con luz propia en el panorama actual.

 

El cierre del taller, después de casi 30 años, porque lo requería el propietario, le costó cierta depresión, que superó al dedicarse de lleno a la creatividad artística, lo que ha fructificado en contactos y exposiciones sucesivas en Basil, México, Finlandia, París, Ginebra… siempre como comisaria y artista participante. Los proyectos se le acumulan. Actualmente prepara el catálogo digital, también editado en papel, de la exposición que se celebrará en La Masía de Antonio Sánchez de León en noviembre. Lo de Linda es un continuo que no cesa, duerme poco y se queja con frecuencia, porque dice que eso le alivia. Un círculo vicioso. Lo cierto es que la coordinación e intendencia artística se le da muy bien. Lo más inmediato es su exposición en el Palacio de las Naciones de Ginebra y en el Carrusel del Museo del Louvre en Paris. Es un no parar. Acaban de nombrarla directora de Conecting Cultures, para exposiciones internacionales y de encuentro de distintas nacionalidades. Sus giclées se venden en México como rosquillas.

 

Cuando se detiene descansar–últimamente poco o nada- invita a los amigos a un bacalao a la portuguesa, que es una delicia culinaria. Como ser sociable que es, dio numerosas reuniones en su casa con poetas y pintores, porque le van los versos. “Ahora he bajado el ritmo, porque tengo mucho trabajo y más años”, explica. Se la conoce en el circuito de la cultura en Madrid, porque se mueve bien en él. Ella sabe quien es quien y los demás la conocen”.

 

En el ambiente portugués, ni les cuento: es una embajadora nata de su país y de su lengua –dice que solo la escritora española Tecla Portela habla y escribe el portugués mejor que nadie, porque es la primera lusista (palabra que hay que incluir en el diccionario del a RAE) de España. Aunque es la mejor embajadora de Portugal en Madrid, y le satisface hablar la lengua de Camoens, no deja de elogiar a España, país de acogida y promoción de toda su familia, que se abrió campo con holgura durante el franquismo, algo que no hubiera sido posible en su país, mucho más difícil y clasista en este terreno. También nos ha contado sin pudor, que ella estudió en los libros de bachillerato de su país, cierto resentimiento y resquemor contra España, algo ciertamente reprobable, tal y como hoy se hace en ciertas regiones españolas, por dejadez de los partidos de la Transición. Para ella, la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. Tiene el defecto de cierta sinceridad salvaje.

 

Le gusta vestir de largo, porque dice que así se siente cómoda. Nos sorprende siempre con sus pelucas rubias o de cresta cobriza y conduce con soltura y seguridad su automóvil blanco, como una amazona que no se despega del vehículo ni para comprar una resma de papel. Artista y mujer al cien por cien las 24 horas del día.

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