Fátima Moreno: Boleros, rancheras, coplas y folklore argentino

 

 

Julia Sáez-Angulo

Fotos: Zapisek, Reviriego y Mendoza 

 

29/12/17 .- MADRID.- Érase una vez una bella y buena cantante de boleros, rancheras y otros géneros, nacida en Toledo, llamada Fátima Moreno, a la que su esposo, el publicista Cándido Pérez regaló un teatro en una casa encantada de Madrid, para que ella pudiera explayar su arte canoro ante los amigos, muchos de ellos igualmente cantantes y danzantes.

 

El Espacio de Graves y Agudos es el nombre del teatro de la casa encantada –una pequeña mansión con mucha historia detrás-, en la madrileña calle Ayala, una sala multiusos siempre a disposición de la cantante Fátima Moreno y su arte.

 

El día de los Santos Inocentes, 28 de diciembre, entre muñecos recortables de la festividad, Fátima Moreno convocó a todos sus amigos –y amigos de amigos- para celebrar su cumpleaños y nos deleitó con una serie de boleros, abriendo y cerrando el espectáculo, por el que desfilaron en su honor numerosos artistas y rapsodas amigos como:

Carlos Guerrero, Carmen Molina, Juan y Pilar Riñón, Tina Barriuso, Oscar Gatica, Oswaldo Fernández, María José Gurpegui, -Ángela, Eugenio, el Gaucho de la Moncloa, Javier con su armónica… todos ellos acompañados por los músicos cubanos Daniel Chaves, a la guitarra, y Andrés Sarría, Sarry, a la trompeta y en percusión.

 

El desfile de intérpretes terminó con un baile del cha-cha-chá vacilón y una afectiva foto de familia en el escenario. La mayoría de estos artistas actuaron en conjunto el Teatro Alcalá el día 2 de diciembre, a favor de una causa solidaria.

 

Entre los asistentes al acto no faltaron creadores del mundo de las artes visuales y publicitarias como Adriana Zapisek y su inseparable esposo, el empresario Mario Saslovsky; la pintora Merecedes ballesteros y su inseparable compañero, el celebrado acuarelista Pablo Reviriego; la galerista Rosa María Manzanares y su adjunto esposo el pintor Eugenio López Berrón; la crítica de arte Carmen Valero y no lejos el director de cine Julio Mendoza, entre colegas publicistas y Antonio Molina, presidente del Club de fans de Carlos Gardel, al que Oswaldo dedicó un tango.

 

A la salida, Cándido Pérez, atento anfitrión, tuvo la gentileza de dedicarnos a los periodistas su libro La huella de la publicidad. Crónica de unas marcas bien anunciadas, que publicara en su día la editora Almuzara.

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