ALCÁZAR DE SAN JUAN

 

Julia Sáez-Angulo 

 

 

Aunque el tórrido verano no sea la época más adecuada para visitarla, la ciudad de Alcázar de San Juan es un interesante enclave histórico y natural de La Mancha, que vale la pena visitar. Es tierra de molinos, cervantina y fue Encomienda de la Orden Ecuestre y Hospitalaria de Jerusalén, Rodas y Malta, de la que aún perduran vestigios de su conjunto palacial, sobre todo el torreón del Gran Prior. La ciudad se ofrece con el eslogan: Alcázar, Turismo todo el año.

 

Además de lo citado, la ciudad manchega ofrece el Museo Municipal, con ricos mosaicos y otros fondos de villas romanas del entorno de Alcázar de San Juan y en el término de Piédrola ha aparecido un conjunto arqueológico espléndido, del que se entusiasma el concejal de Cultura, Mariano Fernández, porque en él se encuentran juntos pero no superpuestos, yacimientos íberos, romanos, hispano-musulmanes y otros. Es un gran tesoro que brillará cuando salga a la luz, pues va a constituir un gran parque histórico real y no pastiche.

 

El Museo del Hidalgo es otro lugar visitable por viajeros y turistas, porque es un vivo testimonio de cómo vivía un hidalgo acomodado de La Mancha, que, a todo el que lo mira, trae a la memoria, por analogía, al gran hidalgo de Don Quijote. Utensilios de labranza, trajes, armaduras, utillaje doméstico, documentos históricos, entre ellos una partida de nacimiento de un Miguel de Cervantes…

 

Con motivo del centenario de libro de Azorín, La ruta de Don Quijote, que inexorablemente pasa por Alcázar de San Juan, ha hecho concebir algunos proyectos de evocación viajera y literaria a la ciudad, que se irán concretando paulatinamente.

 

El Museo de Alfarería de la Mancha, el FORMMA, cuenta con una amplia colección particular de piezas de barro de la comarca que recoge todas las tiplogías de la cerámica tanto de la casa como del campo. Un paseo para los amantes del barro blanco, negro y rojizo.

 

Como buen nudo ferroviario, Alcázar de San Juan, de solera ferroviaria, ofrece en el Museo del Ferrocarril más de 900 piezas que forman las distintas colecciones: locomotoras de distintas épocas, vagones cerrados del XIX, semáforos, señales mecánicas, maquinaria de vía… Y de la parte interior de las estaciones: billetes y máquinas expendedoras, gorras, centralitas de teléfono, maquetas, material eléctrico de catenarias… Para los que adoran la historia del ferrocarril, este es su museo.

 

En sus paseos y plazas, Alcázar de San Juan ofrece piadosa sombra para el viajero con tupidos conjuntos de olmos de bola, árbol que ya se encontraba en el conjunto palacial y sigue presente en la ciudad. Se trata del olmo de Bola -Ulmus Minor Umbraculifera-, que fue replantado en la ciudad a finales de los años 70. El técnico medioambiental, cuenta que hay 30 tipos diferentes de olmos plantados en Alcázar de San Juan.

 

No lejos de la ciudad cervantina se encuentra un complejo lagunar rico en flora y fauna, con una amplia panoplia de aves como la cerceta y la cuchara común, el tarro blanco, el pato colorado, la malvasía cabeciblanca, la cigüeñuela, el flamenco común, la garza real, el fumarel, la pagaza, el colirrojo, el abejaruco, el alcaraván, el aguilucho… Un disfrute para los ornitólogos y amantes de las aves.

 

De la flora lagunera destaquemos el limonium, el carrizo, la espadaña, el almajo y la malva… de todas estas plantas no está lejos el escarabajo avispa.

 

No olvidemos que Alcázar de San Juan cuenta con tres humedales, auténticos microclimas: laguna de la Veguilla, laguna del Camino de Villafranca y la laguna de Yeguas.

 

 

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