MUSEO GUGGENHEIM DE BILBAO: FRANCIS BACON " DE PICASSO A VELÁZQUEZ"

Concha Pelayo - Miembro de AECA

 

 

El Museo Guggenheim de Bilbao, expone cincuenta pinturas, las más atractivas e interesantes de Francis Bacon, junto a una treintena de obras de diferentes pintores clásicos y modernos que fueron el hilo conductor en la carrera del artista. Son obras inquietantes en las que el ser humano se muestra al desnudo para exhibir lo más miserable y vulnerable que pueda tener el hombre. Obras que muchos han intentado desprestigiar, incluso ignorar, pero que nunca dejaron indiferente a quien las contemplaba, precisamente, porque el observador, desde el primer instante de su contemplación, queda prendado y prendido ante el espectáculo de la carnalidad sin tapujos que el artista exhibe en cada una de ellas. Algunos preguntaron al artista que porqué pintaba siempre obras tan espeluznantes y no pintaba una rosa. A lo que Bacon respondió que la rosa, como el hombre, acaba marchitándose y muriendo. La belleza y el horror siempre caminan junto al hombre sin dejarlo un solo momento de su vida.

 

Picasso fue descubierto por Bacon cuando éste tenía a17 años y a partir de ese momento supo que quería ser pintor. Después serían Manet, Degas, Gauguin, Van Gogh, Seurat, Matisse. Su relación con la cultura española dejó una importante impronta en la obra de Bacon. Impresionado por el retrato que Velázquez hizo del Papa Inocencio X, el artista realizó más de cincuenta reproducciones de esta obra pero nunca quiso hacerlas del original sino de diferentes e importantes copistas. Zurbarán, El Greco o Goya también fueron artistas que subyugaron a Bacon en las diferentes visitas que hizo al Museo del Prado.

 

Pero no sólo fueron los pintores famosos los que llamaban su atención sino que también fue un ávido lector de la literatura francesa. Racine, Balzac, Baudelaire o Proust. Todo ello hizo de Bacon un hombre culto y de gran formación, aunque ello no impidió que llevara una vida bohemia y se dejara llevar por cuantos apetitos tenía a su alcance. Su padre, muy estricto, cuando supo de sus preferencias sexuales, lo mando fuera del país para que le corrigieran tales "desviaciones" pero lejos de conseguir los deseos de su padre fue todo lo contrario pues se dedicó a dar rienda suelta a una intensa vida licenciosa. Eso sí, tenía por costumbre trabajar durante toda la mañana en su estudio. Por la tarde se vestía escrupulosa y elegantemente y se dedicaba a la diversión con sus amigos.

 

El Museo Guggenheim ha tenido el acierto de llevar a sus salas esta muestra singular para acercar al espectador a este artista que supo jugar con la psicología humana con la misma maestría que con los pinceles. Ninguna de sus obras, por muy estrafalarias que nos parezcan, están hechas sin haber sido estudiadas bajo el control y el análisis del artista. La obra de Bacon es pura reflexión y nos conduce a la realidad más cruda del ser humano como parte del cosmos

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