JUAN PEDRO REVUELTA, FOTOGRAFO DEL AROMA DE LA LUZ

CARMEN PALLARÉS

 

Ahora que en Madrid hemos renovado la experiencia de contemplar una exposición de la gran Julia Margaret Cameron, es pertinente hablar con un fotógrafo español y contemporáneo, Juan Pedro Revuelta, al que distinguen, entre otras cosas, su conocimiento, práctica e investigación de técnicas y procedimientos antiguos, pioneros, determinantes para el desarrollo del arte fotográfico posterior. La preparación de Revuelta, su bagaje teórico y su práctica, y su trayectoria artística y profesional, así como su estudio, Aroma de la luz, el mejor equipado que conozco y en el que imparte cursos y talleres, confieren interés y autoridad a sus palabras. Revuelta instaló su estudio en 1955, y su trayectoria disfruta de premios como el Laus Plata, Laus Exhibit y Lux oro.

 

Aroma de la luz es muchas cosas para ti: el título de una de tus colecciones y el del libro donde aparece, es el nombre que preside tu estudio y el de tu empresa, y es el de tu dirección de contacto para los cursos y talleres que impartes periódicamente. ¿Tienes experiencia o interés especial por fenómenos de sinestesia?

 

 

No tengo ninguna experiencia con fenómenos relacionados con la sinestesia. De hecho, el nombre y concepto Aroma de la luz es una creación de un poeta amigo mío, Fernando Beltrán, autor de los textos que acompañan las imágenes del libro que editamos hace quince años junto a Pep Carrió, otro gran amigo y profesional. Estoy muy orgulloso de la colaboración que hicimos juntos. Cuando trabajo, doy mucha importancia a las circunstancias que rodean una sesión. En ese aspecto soy un poco obsesivo, me gusta cuidar el entorno y debo reconocer que el olfato es muy importante para mí. También el sonido, pero principalmente el olfato. Cuando quiero recordar algo de forma rápida y precisa recurro al olfato: fragancias de determinados inciensos, el olor de la madera de sándalo o la fragancia del Ylang-ylang me transportan a lugares donde he sido muy feliz. Todo ayuda.

 

Hay otra colección tuya, Invención de la caricia, cuya luz es igualmente espectacular, extraordinaria. Quien la contempla, apenas deja de preguntarse qué fuentes y qué tratamientos tienes esas fotografías. Puedes darnos una pista?

 

Esa serie fue muy importante para mí, porque supuso el descubrimiento de un camino nuevo con el que me siento muy identificado. Utilicé una luz muy sencilla con una parábola muy dura, porque lo que quería era emular la luz del sol (la que más me gusta y menos utilizo), esto me permitió poder representar el color con la intensidad que necesitaba y a la vez crear una tensión en los valores tonales de la imagen. Quería romper la norma que me habían enseñado mis maestros de que las luces y las sombras debían contener detalle.

En este trabajo descubrí la importancia de la iluminación. Hasta entonces solamente me había limitado a cazar momentos lumínicos que me interesaban. Supuso un cambio en mi forma de ver y trabajar con la luz. Después vendría el light painting con Aroma de la luz, las composiciones de luz mixta en las exposiciones múltiples de Lluvias… Tenemos que trasladarnos a una época donde evaluabas la toma con disparos de test en Polaroid 54, después hacías la toma definitiva con película, principalmente con emulsiones Kodak Ektachrome, que tenían un rango dinámico de 5 diafragmas útiles que procesaba yo mismo a baño perdido. Los tiempos de espera para ver el resultado definitivo eran de casi una hora…

 

¿Qué queda hoy en día de aquellos primeros flashes de ignición manual, cargados de polvo de magnesio? Tu investigación personal en las técnicas y procedimientos pioneros del siglo XIX te ha llevado a utilizarlos alguna vez?

 

La verdad es que nunca he utilizado el polvo de magnesio por miedo a incendiar el estudio. Sí he experimentado con velas (que las utilizo en mis talleres), cerillas y lámparas de alcohol. La iluminación que se emplea para las técnicas del siglo XIX requiere fuentes de luz muy ricas en rayos UV. La mejor es la luz natural, pero se pueden utilizar leds o fluorescentes con una gradación kelvin determinada; también se puede usar flash, tungsteno o HMI, depende del efecto que se quiera obtener.

El deseo de realizar técnicas del XIX surgió cuando vi el primer planitotipo hace 25 años. Era un sueño que finalmente pude cumplir hace cuatro años, cuando realicé una serie con este procedimiento. Es una e las técnicas más bonitas que he visto nunca por su amplia y delicada gradación de tonos en las luces y las sombras, y además deja una superficie mate perfecta, sin ningún rastro de brillo.

En la actualidad, estoy haciendo una serie de ambrotipos con la técnica del colodión húmedo. Empleo un vidrio negro completamente opaco. Es todo lo contrario a un planitotipo; la plata se deposita sobre una superficie completamente brillante y en función de cómo la observes aparecen unos reflejos nacarados preciosos. También he realizado daguerrotipos con la técnica de revelado Becquerel. Todas tienes su belleza y características particulares.

 

Dada la personalidad de tus obras en cuanto a luz y color, los cursos y talleres, como el Taller avanzado de iluminación profesional, han de ser singulares. Además, los aspectos técnicos, formales y expresivos parecen inagotables en este tema. ¿Qué es lo que más suelen demandar y destacar los participantes en tus cursos?

 

Un fotógrafo, ya sea aficionado o profesional, demanda práctica, mucha práctica. Entre otras cosas porque quiere aprender divirtiéndose. Cuando pasas sentado varias horas, viendo proyección con imágenes y escuchando teoría también aprendes, pero no te diviertes tanto. Una de las cosas que agradecí en Suiza cuando asistí a los talleres de Broncolor fue la práctica. Los que impartían los talleres eran fotógrafos de toda la vida que enseñaban muchas cosas haciendo mucho. Con una mirada a la Polaroid que habías hecho ya sabían el tiempo que llevabas de oficio. Eran muchas cosas: la forma de colocar el set, el boceto, los movimientos rápidos y precisos de basculación con la cámara técnica Sinar… Era increíble.

En el estudio pongo sillas, pero la gente nunca se sienta, quieren estar cerca de la cámara y el set de trabajo, y yo lo prefiero. Hay que fijarse en muchos detalles. Si tienen que apuntar datos (siempre insisto en que lo anoten todo) lo van haciendo de pie sobre la marcha. No son talleres convencionales, porque los imparte un fotógrafo en su estudio, donde pasa muchas horas trabajando, con sus virtudes y sus defectos, porque de los defectos de un profesional y su entorno también se aprende.

 

Dime tres maestros de la luz del arte fotográfico a los que admires.

 

Para mí hay dos maestros fundamentales por su manera de entender y trabajar la luz. El primero, es Edgard Steichen, es mi fotógrafo favorito por muchos motivos, pero sobre todo por su exquisita manera de utilizar la luz artificial en su trabajo comercial y por cómo capturó la luz natural en su trabajo personal. El segundo, es Sven Nykvist, director de fotografía de Ingmar Bergman, que también trabajó con Andréi Tarkovski. Es un maestro con un estilo único, elegante y sutil. Es el creador de la iluminación de películas como Persona, Gritos y susurros, y Sacrificio.

 

Además de las nombradas, colecciones de Juan Pedro Revuelta como Tibet, Parque de Invierno, Sueños de Africa y Diálogos con Tarkowski, son exponentes de la profundidad de pensamiento, del dominio técnico y de la capacidad artística y expresiva de este fotógrafo contemporáneo que sabe disfrutar, agradecer y olfatear el aroma de obras magistrales que nos ha ido regalando el tiempo…

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