Mario Caamaño: Mario y el realismo

C.C. NICOLÁS SALMERÓN, Mantuano, 51, Madrid

Este artista chileno, (Santiago de Chile, 1980, afincado en Madrid), en su intensa carrera como pintor, ha llegado, en su indagación de la naturaleza y esencia de la pintura, (aunque sea por vía inversa o incluso antinómica), a la misma conclusión a la que llegó Piet Mondrian mientras buscaba su “retícula cósmica”, cuando predicaba que el arte debe ser, antes que nada, una investigación de lo absoluto subyacente en toda realidad fenoménica.

Porque los cuadros mostrados en la exposición de óleos, de la que estamos haciendo esta reseña, presentan dos planos tipológicos que, si bien desde un punto de vista taxonómico ambos deben ser incluidos en la figuración realista, una parte de ellos han de quedar catalogados como interiores, bodegones o paisajes, en los que tanto por sus conseguidas perspectivas, como por su sobriedad y contraste matizado de los colores y por su tratamiento de la luz y de las sombras, se sitúan en un nivel artístico de muy alta valoración, pero que sin embargo se agrupan dentro del amplio repertorio de obras de artistas concurrente en este tipo de pintura.

Sin embargo, la otra parte de estos cuadros presenta una acentuada originalidad y una carga heurística notable, que proclama el muy alto nivel artístico de su autor y su capacidad exploratoria y creativa al fin.

Realizados bajo el paradigma albersiano de “efecto máximo con mínimos medios” logran expresar y generar emociones, en los que las formas quedan reducidas a las simples líneas que delimitan los planos, que las distintas intensidades de la luz reflejada perfilan en la polifacética superficie mimetizada en el lienzo. En efecto, este artista ha seguido un proceso paralelo a su prístina vocación hacia el hiperrealismo, por el que ha llegado a la plasmación de una figuración en la que destaca su simplicidad, por el uso de recursos pictóricos limitados a muy pocos colores por obra, por lo esquemático del dibujo manual y por el énfasis en la experimentación con los colores, que le lleva a unas obras de alto contenido poético y mistérico, en que cualquier elemento iconográfico está ausente.

Y así como Albers, desde su posición radicalmente abstracta, se aplicó al análisis sistemático de los colores y a la experimentación de procedimientos de su aplicación sobre el lienzo o la madera, hasta encontrar unas incandescencias y plasticidades, que transforman al color en ilusión perceptiva, consiguiendo que sus “Cuadrados” apelen a nuestras reacciones emocionales. De igual forma, Caamaño, desde una posición absolutamente antagónica basada en la figuración realista, consigue en sus “Papeles”, que concentremos nuestra atención, tanto en los acentos figurativos con que se dibujan las líneas del papel doblado, como en los colores matizados por las inflexiones de la luz al incidir en los distintos escorzos de la hoja representada y las sombras proyectadas, para con ello obtener sensaciones gratificantes. 

Es deseable que este artista continúe explorando este camino de la simplicidad en las formas y en la matización del color y consiga cuajar colecciones de cuadros, que sean epigramas pictóricos plenos de misterio y que transmitan la misma poesía, como lo hacen sus “papeles” en esta muestra de su obra.

La exposición ha sido comisariada y montada, en el C.C. Nicolás Salmerón del Exmo. Ayuntamiento de Madrid, por “Arte y Artistas”, que una vez más se anota un acierto.

 

BENITO DE DIEGO GONZÁLEZ

Miembro de la Asociaciones Internacional, Española y Madrileña de Críticos de Arte

www.domusdidaci.blogspot.com.es

05/10/2014

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